sábado, 28 de febrero de 2015

Algunas noticias literarias sobre el caballero jerezano Garci Pérez de Vargas



Juan Salguero Triviño




Tras la reconquista definitiva de Jerez de la Frontera por Alfonso X, en 1264, a su población se le encomienda una función eminentemente militar. No será hasta la segunda mitad del siglo XV, con la decadencia del reino musulmán de Granada que reduce continuamente su área de dominio en la baja Andalucía cuando, alejadas ya la frontera y despreocupada su población del peligro de ataques y escaramuzas, pierde  su carácter guerrero. A partir de ese momento, en los inicios del siglo XVI, comienzan a  desarrollarse los trabajos de su fértil campiña y se instalan en la ciudad mercaderes flamencos, ingleses, irlandeses o genoveses que se ocupaban de la exportación del trigo, el aceite y, fundamentalmente, el vino de los campos cercanos a Jerez.

Jerez destaca desde los primeros momentos de la reconquista como una importante ciudad con fuerte presencia de nobles y caballeros.

El relato de las batallas y escaramuzas que precedieron a la toma definitiva de la ciudad ya dejan entrever la fama e importancia de algunos de estos caballeros; fama que se difundirá desde ese momento al resto del reino a través de las crónicas y los poetas a quienes  se encargaban de cantar las virtudes de los guerreros castellanos en su esforzada lucha contra los infieles.

Uno de ellos, Garci Pérez de Vargas, es citado por Cervantes en el capítulo XLIX del Quijote por boca del Canónigo que reprocha al Quijote su afán por los libros de caballería exhortándole a conocer la historia de los verdaderos héroes:





“Un Viriato tuvo Lusitania, un César Roma; un Ánibal Cartago, un Alejandro Grecia, un conde Fernán González Castilla, un Cid Valencia, un Gonzalo Fernández Andalucía, un Diego García de Paredes Extremadura, un Garci Pérez de Vargas Jerez, un Garcilaso Toledo, un don Manuel de León Sevilla, cuya lección de sus valerosos hechos puede entretener, enseñar, deleitar y admirar a los más altos ingenios que leyeren”

Este mismo caballero jerezano es citado por el infante Don Juan Manuel en su Libro de los exiemplos del Conde Lucanor y de Patronio, escrito alrededor de 1335. Garci Pérez de Vargas es mencionado en uno de los exemplos que el escudero propone al  Conde Lucanor relatando un episodio de la toma de Sevilla


-Señor Conde- dijo Patronio-, cuando el santo y bienaventurado rey don Fernando tenía sitiada Sevilla, contaba con muchos y valientes caballeros, entre los que estaban los más diestros en el manejo de las armas: uno era don Lorenzo Suárez Gallinato, el otro don García Pérez de Vargas […] los tres discutieron un día sobre quien de ellos era el mejor y más hábil. Como no llegaron a un acuerdo, decidieron armarse bien los tres y llegar a las murallas de Sevilla para golpear con sus lanzas las puertas de la ciudad”



Por su parte, Adolfo de Castro, en su Historia de Jerez de la Frontera, habla también del mismo caballero relatando otro episodio. Tras la conquista de Sevilla, Fernando III, dispone en 1252 reactivar la conquista de las tierras al sur y se dirige contra Jerez y las poblaciones vecinas. Entre los caballeros están los hermanos Diego Pérez de Vargas y Garci Pérez de Vargas.


“… y los cristianos en pos de ellos matando y prendiendo infinitos hasta que a esos que escaparon los metieron por las puertas de Xerez; y allí fue gran mortandad a la entrada, porque los cristianos les daban con gran priesa y los moros por entrar se mataban unos a otros […] Dio muerte Garci Pérez de Vargas al reyezuelo moro de Alcalá de los Gazules: Diego Pérez de Vargas perdió su espada […]desgajando una rama de oliva […] y con aquel se metió en lo más recio de la batalla”[1]

De esta acción, por las voces de ánimo que le daban: “ ¡machuca, Diego, machuca!” le valió a Diego Pérez de Vargas el sobrenombre de Machuca y como Diego Machuca se quedaría para él y su linaje.
Cuando en 1264 se produce la toma definitiva de Jerez, este Garci Pérez de Vargas será uno de los dos alcaldes que el rey Sabio nombra para el gobierno y custodia de la ciudad. Así lo cuenta Adolfo de Castro:

“ A trescientos caballeros hijosdalgo, fue encomendada la guarda de la ciudad. Para su gobierno político fueron nombrados dos alcaldes y elegidos para el desempeño de tales cargos Garci Pérez de Vargas y Rui Pérez de Almezán […] fueron enviados para la guarda de las cuatro puertas de la ciudad, cuarenta caballeros que llamaron del feudo. A cada uno de estos, con los que primeramente poblaron a Xerez, se hizo repartimiento de casas, viñas, olivares y seis yugadas de tierra […] también hubo repartimiento de algunos moros y judíos vasallos del rey”[2]




[1] Castro, Adolfo de: Historia de jerez de la Frontera; ed. Renacimiento, 2002. Pag 33
[2] Castro, Adolfo de. Op.cit. pág 45

viernes, 27 de febrero de 2015

Volver a empezar

Se dice que una característica del ser humano es que es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. No sé si es mi caso, seguramente, también, pero yo prefiero creer que soy de ese tipo de personas que no se cansa nunca de volver a empezar, a retomar proyectos olvidados porque las circunstancias te llevaron por otro camino. Como el retorno incansable de la marea sobre la playa retomando, varias veces cada día, la reconquista del terreno perdido en cada bajamar. Sin abandonar nunca el empeño siempre fustrado de permanecer ya siempre sobre la arena conquistada.
Por eso no he querido empezar un nuevo blog, sino retomar este cuaderno virtual que empecé hace unos años con el que quise retomar entonces el deseo de escribir. Y aquí estoy de nuevo, años después, con nuevas etapas vividas y cumplidas. Esperando que, ahora sí, me permita el tiempo y las obligaciones venir a visitar más asiduamente esta ventana de comunicación con todas aquellas personas que sienta curiosidad por los temas que vaya abordando.
Será desde ahora un cuaderno donde iré guardando reflexiones y estudios variados. Supongo que, principalmente literarias, pero vaya usted a saber! No me fío demasiado de mi constancia, a la vista está.
De todos modos, una excelente característica de la red es que permanece en el tiempo por encima de nuestros variados intereses. Y que siempre podré volver a retomar la tarea si, una vez más, me perdiera en el camino.

jueves, 28 de julio de 2011

Trece siglos de la batalla del Guadalete

El 26 de julio de 711 las tropas musulmanas de Tarik Ibn Ziya derrotaban a Don Rodrigo en la batalla del Guadalete iniciandose así la ocupación prácticamente de toda la península por los musulmanes. La presencia del mundo árabe en la Península se mantendría hasta 1492, si bien desde el siglo XI los reinos cristianos intensificarían la reconquista del territorio al sur del Tajo manteniendo su primacía sobre los reyes de los reinos Taifas que, prácticamente todos, les ofrecían vasallaje y pagaban parias por mantener sus reinos y su estatus. Primero la frontera hasta el Duero, la toma de Toledo, los reinos de Badajoz, Sevilla, Jaén... Ya en el siglo XIII prácticamente la presencia musulmana se reducía al reino de Granada, si bien dominaba todavía el Estrecho de Gibraltar. Será tras la toma de Sevilla, Jerez y las plazas de Gibraltar y Algeciras cuando, controlado el peligro de nuevas invasiones, el reino de Granada alcanzará su mayor grado de debilidad y permitirá la toma de la ciudad por los Reyes Católicos.

La batalla del Guadalete, con la derrota del ejército visigodo y la posterior pérdida de España, ha sido objeto de atención literaria en toda la Edad Media y a lo largo del Siglo de Oro, teniendo sus primeras manifestaciones en el Romancero. En los romances de Don Rodrigo, se destaca, sin embargo, el origen de toda la desgracia cristiana en los amores adúlteros de Don Rodrigo con la doncella toledana llamada Florinda o " La Cava". Esta doncella, violentada al parecer por D. Rodrigo, enamorado de ella al verla bañarse desnuda en las aguas del Tajo, solicita el socorro de su padre, el conde D. Julián, que precisamente servía al rey en tierras africanas. El conde, despechado, solicita la ayuda de los árabes facilitándole la llegada a tierras hispanas a través del Estrecho. Lo demás es terreno de los historiadores.
El Romancero, como decía, presenta esta derrota como un castigo divino ante la lujuria del rey godo.Esta es la secuencia de los hechos, aunque el Romancero los presenta mezclados:



Escena 1. Baño de la Cava y sus doncellas:

De una torre de palacio
se salió por el postigo
la Cava con sus doncellas
con gran fiesta y regocijo
...
Daban al agua sus brazos
y tentada por el frío
fue la Cava la primera
que desnudó sus vestidos

Como decimos, la ve D. Rodrigo y queda prendado de su hermosura. A partir de ahí la requiere de amores advirtiendo a la doncella que no tiene muchas opciones ante los deseos de un rey:

Escena II: La consumación del deseo real:

- Sepas, mi querida Cava
de ti estoy apasionado;
pido que me des remedio
yo estaría a tu mandado;
mira que lo que el rey pide
ha de ser de fuerza o grado.



Consumados los amores, en el ardor de la siesta ( momento muy hispano al parecer ya desde la Edad Media) advierte el Romance:

De la pérdida de España
fue aquí funesto principio
una mujer sin ventura
y un hombre de amor rendido.
Florinda perdio su flor,
el rey padeció el castigo;
ella dice que hubo fuerza,
él que gusto consentido.
Si dicen quien de los dos
la mayor culpa ha tenido,
digan los hombres; la Cava
y las mujeres: Rodrigo.

No se moja el juglar en atribuir culpas, aunque otro romance recoge las quejas de la Cava y su intención de pedir al padre que defienda su honor arrebatado:

Escena III. El honor perdido y los presagios de desgracias para el rey

La cava soy de tu fuerza
y aunque al muro de mi pecho
le falta la barbacaba
de todos es padre el cielo.
...
Con la sangre de mi honra
no se tiña el honor vuestro
mirad que eclipse de sangre
en reyes es mal agüero;

Enterado el conde de los abusos del rey y la pérdida de su honra  busca la ayuda del rey árabe y se fragua la traición.

Escena IV: La traición del conde D. Julían

En Ceuta está don Julián,
en Ceuta , la bien nombrada:
para las partes de allende
quiere enviar su embajada;
...
Las cartas van al rey moro,
en las cuales le juraba
que si de él recibe ayuda
le dará por suya a España.

Se produce la llegada de Tarik Ibn Ziyad a la  Península y las tropas del califatoo omeya y las del rey visigodo se aprestan a la batalla. Aunque en sueños presiente Rodrigo la derrota no tiene más remedio que acudir contra los invasores árabes para encontrarse en las cercanías del río Guadalete; omite toda la batalla el Romancero que nos vuelve a presentar de nuevo a Rodrigo ya derrotado, contemplando el campo de batalla donde yacen sus hombres y son pisotedas sus enseñas reales:

Escena V: Rodrigo llora su derrota

Subiose encima de un cerro,
el más alto que veía;
desde allí mira a su gente
como iba de vencida;
de allí mira a sus banderas
y estandartes que tenía,
como están todos pisados
que la tierra los cubría;
mira por los capitanes
que ninguno parescía;
mira el campo tinto en sangre,
la cual arroyos corría.
...
"¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes
y llevas esta alma mía
de aqueste cuerpo mezquino,
pues se te agradecería?"



Derrotado y solo cabalga el rey decidiendo hacer penitencia por sus pecados que le  han llevado a tan gran desgracia. Tiene claro el Romancero el origen lujurioso de todas las desgracias reales; buscando el perdón divino encuentra Rodrigo un ermitaño a quien pide confesión y el perdón de sus pecados. Remiso al principio el ermitaño en otorgarle el favor d ela penitencia tiene que suceder la directa intervención divina en modo de voz celestial que le pide, no sólo que le otorgue el perdón, sino que la penitencia debe incluir la propia muerte del rey que pagará sus culpas de manera notoria, como señalará el romance gráficamente, sufriendo el acoso de la serpiente precisamente por las partes origen de su pecado. Aunque púdicamente sabrá el juglar en los versos siguientes disimular su intención señalando el corazón como fuente de sus males.

Escena final: Penitecia y muerte de D. Rodrigo:

"Confesar, confesarete,
absolverte no podría."
Estando en estas razones
voz de los cielos se oía:
"Absuelvelo confesor,
absuelvelo por tu  vida
y dale la penitencia
en la sepultura misma"
...
Metiose en la seputura
que a par de la ermita había;
dentro duerme una culebra,
mirarla espanto ponía;
tres roscas daba a la tumba,
siete cabezas tenía.
...
El ermitaño lo esfuerza,
con la losa lo cubría,
rogaba a Dios a su lado
todas las horas del día.
"¿Cómo te va el penitente,
con tu fuerte compañía?"
"Ya me come, ya me come,
por do más pecado había,
en derecho al corazón,
fuente de mi gran desdicha"

Con la subida al cielo del alma penitente del último de los reyes visigodos en Hispania termina el juglar del Romancero el relato de la batalla del Guadalete. Tampoco los historiadores saben darnos más datos de qué ocurrió con Don Rodrigo, la Cava, el conde Don Julían o del obispo Witiza y los otros protagonistas de la historia. Así nos la cuentan los romances y, tal vez, así sucedió hace ya trece siglos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Corchete Jerbete

RAICES CLÁSICAS DE LA EXPRESIÓN EXTREMEÑA “CORCHETE-HERBETE”



Juan Salguero Triviño
Desde niño he escuchado muchas veces, no sólo a mi madre sino a otras personas de mi pueblo natal, Almendralejo, en la provincia de Badajoz, la expresión “corchete-jerbete” para indicar que algo se quiere hacer o solucionar de manera inmediata.  Normalmente utilizada en contextos donde se reprocha esta solicitud de inmediatez.
-Esto no se puede hacer “corchete-jerbete”
-Tú todo lo quieres “corchete-jerbete”
- ¿Cómo no te va a salir mal si todo lo haces “corchete-herbete”?
Y otras parecidas, pero siempre con este significado de algo que se hace de manera precipitada y por tanto de manera incorrecta, o de reproche por una solicitud de que algo se produzca con inmediatez no siendo posible por lo dificultoso del caso.
El hallazgo casual con esta expresión durante la lectura de una comedia del Siglo de Oro, “El lindo  don Diego”, de Agustín Moreto, usada con el mismo significado aunque escrita a la manera castellana con la “h” que se aspira en la expresión extremeña, me llamó poderosamente la atención y despertó mi curiosidad por rastrear su uso en otros autores y épocas. Desde luego estaba seguro de que mi madre y sus convecinas a quienes tantas veces la escuché no eran en absoluto conscientes de que repetían ( a la manera extremeña) una expresión seguramente popular en el Siglo de Oro español por cuanto Moreto la utiliza consciente de que todo el auditorio la conocía y sabía su significado.
El lindo Don Diego” es una de las primeras comedias de carácter donde Moreto satiriza el afeminamiento cortesano con fina ironía en la persona de Don Diego  que pasa el tiempo acicalándose y presumiendo de su galanura. Con un argumento de enredo que plantea el matrimonio de dos damas, Inés y Leonor, con sus primos, Don Mento y Don Diego. Un tercer galán en discordia, Don Juan, con la ayuda de los “graciosos” de la obra, Mosquito y la sirvienta, consigue finalmente casarse con doña Inés, quedando  el acicalado y presumido Don Diego burlado y sin pareja. Esta comedia de Agustín Moreto y Cavana (Madrid, 1618- Toledo 1669) gozó de gran popularidad y aceptación entre el público que acudía a los corrales de comedias en el Madrid de la segunda mitad del siglo XVII.







En la jornada III, durante un  diálogo entre Don Tello y  su sobrino Don Diego, encontramos la expresión citada:

TELLO:         Sobrino, con vuestras cosas
               estoy en tanto desvelo
               que hasta veros desposados
               yo no he de tener sosiego.
               Todo está ya prevenido,
               y sólo a vos os espero
               por salir de este cuidado.

DIEGO:         ¿De tanto gusto es ser suegro
               que a serlo os dais tanta priesa?
               ¿No es mejor, pues estáis viejo,
               que lo dilatéis un poco
               y os dure el oficio menos?

TELLO:         ¿Qué es dilatarlo, o por qué?
DIEGO:         Por unos días, que aquesto
               no ha de ser cochite hervite,
               que una boda no es buñuelo.



Sebastián de Covarrubias, en su “Tesoro de la lengua castellana o española”, publicado en Madrid en 1661, dice:

Cochite hervite: Proverbio común, aunque de palabras bárbaras; traese a propósito cuando alguno quiere que se haga alguna cosa en un instante, sin guardar modo ni término; como el que pusiese la olla y quisiese que luego en llegando al fuego cociese y hirviese y se sazonase para poderla comer”

El dicho se sigue utilizando un siglo más tarde por cuanto lo recoge también otro autor,  Jerónimo Martín y Cejudo ( “Maestro de Latinidad y Eloquencia en la villa de Valdepeñas de Calatrava, su patria, con título del Consejo Superior de Castilla”), en su libro “ Refranes y modos de hablar castellanos, con los latinos que les corresponden; y la glosa y explicación de los que tienen necesidad de ella”, publicado en Madrid en 1792, quien anota la siguiente expresión:

“No sea cochite hervite”, o “ no ha de ser cochite hervite”: Dícese este adagio de las presurosas y aceleradas esperanzas de algunos, que apenas han comenzado un negocio, quando ya les parece que tienen que concluirlo.

El actual Diccionario de la Real Academia recoge todavía la expresión con esta misma grafía y la hace derivar de cocho, cocido y hervido. En una primera acepción la contempla como una expresión popular en desuso “para significar que se hace o se ha hecho una cosa con celeridad y atropellamiento”; también puede usarse refiriéndose  a alguien que muestra en sus acciones sobrada viveza o aturdimiento, para decir que es un “cochite hervite”

La expresión debió ser, como hemos dicho, bastante popular en el Siglo de Oro. Francisco de Quevedo en carta firmada en 1626, que dirige a Don Alonso Messia de Leyre sobre malos usos del lenguaje por parte de personas instruidas (arcaísmos, refranes, etc) cita esta expresión entre otras de uso común:

“Considere vuesa merced el buen talle de estas voces, que se nos hacen reacias en la lengua, y no las podemos escupir: Zurribirri, a cada triquete, traque barraque, zis,zas, zipizape, a barrisco, irse a chitos, chichota, con sus once de ovejas, trochemoche y cochite hervite”.

La carta de Quevedo está en el tomo I de las Obras de Don Francisco de Quevedo (Amberes 1699), en “Cuento de cuentos; donde se leen juntas las vulgaridades rústicas, que aún duran en nuestra habla, barridas de la conversación” y, como hemos dicho la señala como impropia de personas instruidas y la asimila a otras voces y expresiones propias de rústicos e iletrados. Sin embargo, como vemos en El lindo Don Diego, su autor la pone en boca de un galán que presume además de figura y clase, no sabemos si con la intención de hacerla más ridícula en sus labios o porque fuera de uso habitual también entre  caballeros.,

En “Los refranes del viejo celoso”, una pieza breve del Siglo de Oro atribuida precisamente a Quevedo, un tribunal paródico  dialoga entre refranes y dichos sin sentidos y uno de ellos, llamado Rey Perico, dice:

Mateo Pico,  Agrajes, Cochite-hervite, Chisgarabís, Trochemoche, Bobo de Coria, mi amigo, o la Mari Rabadilla, doña Fábula, a quien digo…”[1]

Otra vez Quevedo, en el “Sueño de la muerte[2], dentro de las obras satíricas  vuelve a usar esta expresión junto a otras que ya hemos traído a colación anteriormente:

Señor mío, esto no es cochite-hervite.
Sí es –dijo muy demudado- digoos que yo soy Cochitehervite, y el que viene a mi lado (aunque yo no lo  había visto) es Trochimochi, que somos más parecidos que el freir y el llover”[3]

 Y más adelante vuelve a aparecer, esta vez en boca de un licenciado:

El Licenciado replicó que no se había de hacer todo cochite herbite


También  Francisco de Úbeda, en “La pícara Justina”(cuya primera edición aparece en Medina del Campo en 1605), pone la expresión en boca de la protagonista de su novela picaresca, confirmando su uso por parte de rústicos, pícaros y truhanes:





“Andaba mi cabeza como rueda de molino y molió un poquito de lo bien cernido; digo que, al cabo, acerté con el punto de la dificultad, y tanteando la disposición del pueblo, la ocasión presente y esperanzas futuras, di en la mejor traza que se pudo imaginar. Óyela, que yo sé que te cuadrará; sólo no me pidas cochite hervite, que yo cuento de espacio, aunque trazo deprisa”

Como tantas otras utilizadas frecuentemente de manera popular, la expresión pasó a las Indias. Ricardo Palma (1883-1917) escritor peruano y tradicionista, en su obra “Tradiciones peruanas”,            en un relato titulado “Los amantes de real orden” se refiere a una provisión de Felipe II en la que se instaba a casarse a todos los vecinos para evitar barraganías y otros problemas derivados del libre ayuntamiento. En este relato, el general Pedro de Hinojosa dice:
Mire vuesa merced que no puedo darme hoy por notificado, y ruegole me disimule hasta mañana, que con estas cosas de mi cargo ando con el seso perdido y sin calma para estampar mi garabato. Véngase, si es servido mañana por esta su casa, que el asunto no es cochite-hervite y sin deservicio del rey puede dar largas”

Como decíamos al principio, esta expresión permanece hoy viva en Extremadura, al menos en el habla de mujeres mayores donde únicamente la he escuchado. Mi madre la usa en el mismo sentido que ya señalaba Sebastián de Covarrubias en 1611. La fonética, sin embargo, ha evolucionado en “Corchete Jerbete”. En la primera parte de la expresión seguramente por asimilación, buscando una palabra conocida que en algún momento el oyente que ya no reconoció “cochite” como palabra latina, utilizó creyendo que era esta la palabra que escuchaba; en la segunda, por aspiración de la h como es usual en Extremadura y asimilando las vocales ( al no reconocer significado alguno en esta segunda  palabra)  buscando la rotundidad de la expresión.

En la Web encuentro que su uso, en el mismo sentido y fonética que el usado en Almendralejo, era habitual también entre personas mayores de Campillo ( Badajoz) y que su uso se extiende por el sur extremeño hasta Huelva. En un pueblo llamado Calañas, en la comarca del Andévalo, en puertas del parque natural “Sierra de Aracena”,  una página Web recoge expresiones propias de este pueblo y entre las palabras y dichos muy utilizados  aparece “corchete jerbete: rápido”.

También parece ser conocida en Agudo ( Ciudad Real), un pueblo que precisamente era durante el Siglo de Oro, punto de paso desde las tierras de pastoreo castellanas  para Extremadura y formó parte, como Almendralejo, de la Encomienda a la Orden de Calatrava.

No debería llamar la atención de una persona interesada en el estudio de la lengua y la literatura españolas  (que no quiere llamarse a si mismo estudioso a pesar de su largo camino como lector  y “estudiante” de estos asuntos) comprobar la permanencia de expresiones populares que sortean espacios y siglos para permanecer vivas en el habla cuando en muchos casos han desaparecido de los diccionarios. Confieso que en esta ocasión, por la cercanía familiar y la evocación de situaciones infantiles que me produce encontrarme en una comedia de Moreto con esta expresión, me ha animado a rastrear siquiera brevemente su uso en otros autores clásicos y otras localizaciones geográficas en la actualidad. No pretendí nada más que satisfacer mi curiosidad y, quién sabe si dar alguna pista para otros que se animen a realizar un estudio más profundo. Que estas cosas no se hacen corchete jerbete y a uno le falta tiempo para satisfacer tantas curiosidades como se le presentan.

Jerez de la Fra, junio 2010.


[1] En la edición de Catalina Buezo, de este “Teatro breve de los  Siglo de Oro: antología” ed. Castalia didáctica , Madrid, 1992; la editora, en nota al pie, aclara el significado de “troche-moche” haciéndolo semejante a Cochite-hervite, lo que sin duda es un error por cuanto hemos dicho más arriba.

[2] En Obras Completas, Madrid, 1958
[3] Vuelve a establecer Quevedo relación entre estas dos expresiones, aunque Covarrubias se encarga de marcar bien las diferencias diciendo del significado de Trochemoche: “Este término se usa para reñir  uno, cuando sin orden y sin concierto dice o hace alguna cosa desbaratada; y está tomada de la metáfora del que yendo a cortar leña al monte, no atendiendo a las leyes de la corta, desmocha las encinas sin quedar guía y pendón, y lo demás que se manda; y aún no contento con esto, corta la encina por el pie, que aquello llama trochar, id est, tronchar, y el mochar, desmochar, de donde vino el modo de hablar a trochemoche.”

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Nueva etapa

Un nuevo blog que estreno.  Buenos libros junto a una buena taza de café. Nueva etapa bloguera que responde a nuevos intereses y nuevos contenidos. Veremos...